Casi todo el mundo aprendió sobre serpientes de la misma forma: alguien le dijo que matara la que se le cruzara. La biología viene después, si viene.
En una jornada con escuelas el orden se invierte. Primero se mira de cerca, con calma, un animal que no está haciendo nada. Después se habla de qué come, para qué sirve, y cuáles de verdad hay que respetar.
Al final del día la pregunta que más se repite no es «¿muerde?». Es «¿puedo verla otra vez?».